Se llama Pandora y siempre quiso ser una Vampira. Tiene los huesos bien puestos. Y también los ojos y los senos. Y las palabras. Las palabras de Pandora saben a labial rojo, a cerveza, a música a todo volumen.

martes, 13 de julio de 2010

Creo que esa noche la estaba pasando bien. No recuerdo casi el sentimiento que tenía antes de lo que vendría después. Sí, una conversación lo arruinó todo. Pero algo aún más nefasto, fue la alianza de mi iTunes con aquella pequeña cuadrilla de unas palabras trilladas. ¿¡Por qué carajos una canción tiene el poder para derrumbarte así!? Pues así fue. Pero, ¿saben algo? Ésa canción que me quito el aliento una vez, ahora me ayuda a sanar. Todo lo que dijiste, todo lo que hicimos, todo lo que hubiésemos podido hacer, ahora, es como un rayito al final del túnel de los recuerdos. Y de nada me arrepiento.
¿Recuerdas que dijiste que estarías ahí para siempre? Al parecer, forever es más tiempo del que pensamos.

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My addiction

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Aunque pudiera luchar contra un ataque de depresión, ¿en nombre de qué vitalidad me ensañaría con una obsesión que me pertenece, que me precede?. Encontrándome bien, escojo el camino que me place; una vez “tocado”, ya no soy yo quien decide: es mi mal. Para los obsesos no existe opción alguna: su obsesión ha elegido ya por ellos. Uno se escoge cuando dispone de virtualidades indiferentes; pero la nitidez de un mal es superior a la diversidad de caminos a elegir.

¿La libertad? Sofisma de la gente sana.

Si apenas he obtenido ideas de la tristeza, es porque la he amado demasiado para empobrecerla ejercitándome en ella.

Somos todos unos farsantes. Sobrevivimos a nuestros problemas.

Sufrimos: el mundo exterior comienza a existir…; sufrimos demasiado: desaparece. El dolor lo suscita únicamente para desenmascarar su irrealidad. Cuanto más difuso sea el objeto de una pasión, mejor ella nos destruye; la mía fue el Hastío: sucumbí a su imprecisión.

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