Se llama Pandora y siempre quiso ser una Vampira. Tiene los huesos bien puestos. Y también los ojos y los senos. Y las palabras. Las palabras de Pandora saben a labial rojo, a cerveza, a música a todo volumen.

lunes, 20 de febrero de 2012


Es divertido ver como las personas juegan con tus sentimientos, porque con ello te das cuenta:
· los sentimientos están sobre valorados
· Que los seres humanos son unos verdaderos animales hambrientos de ego, hambrientos de excusas para absorber lo mejor de los demás y luego escupir sus viseras negras en tu cara.


Así despierto del letargo en el que andaba, me he envenenado y limpiado con alcohol hasta dejar blanca la sangre que una vez pinto el cielo del rojo de tus labios, me he fumado cada una de tus palabras y he bañado mi alma con lagrimas y gotas inyectadas de odio y locura, pero asomo mi rostro cual Alicia en el agujero de la verdad, con el optimismo característico del sarcástico que enfermo y cansado de estar enfermo y cansado, ha decidido que no importa correr hasta el lugar más recóndito del mundo todos son iguales sin importar el lugar, el color, el olor o el sabor, ahora no hay más que continuar y enfrentar las bestias ó lo bestiales y animalísticos que somos.

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My addiction

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Aunque pudiera luchar contra un ataque de depresión, ¿en nombre de qué vitalidad me ensañaría con una obsesión que me pertenece, que me precede?. Encontrándome bien, escojo el camino que me place; una vez “tocado”, ya no soy yo quien decide: es mi mal. Para los obsesos no existe opción alguna: su obsesión ha elegido ya por ellos. Uno se escoge cuando dispone de virtualidades indiferentes; pero la nitidez de un mal es superior a la diversidad de caminos a elegir.

¿La libertad? Sofisma de la gente sana.

Si apenas he obtenido ideas de la tristeza, es porque la he amado demasiado para empobrecerla ejercitándome en ella.

Somos todos unos farsantes. Sobrevivimos a nuestros problemas.

Sufrimos: el mundo exterior comienza a existir…; sufrimos demasiado: desaparece. El dolor lo suscita únicamente para desenmascarar su irrealidad. Cuanto más difuso sea el objeto de una pasión, mejor ella nos destruye; la mía fue el Hastío: sucumbí a su imprecisión.

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